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viernes, 24 de julio de 2020

DEL VETUSTO ABSURDO POLÍTICO A LA CORDURA SOCIAL

Jorge Ismael García Corleto
Ellos vivían y viven en un submundo, inmersos en lo más recóndito de lo telúrico, incluso actuaban bajo de agua, tenían arraigo en Xibalbá y seguían a sus ascendientes, los señores del mal. Tan similares eran a sus antecesores genéticos que bendecían las plagas y ellos mismos eran una plaga tan terrible que ni los virus, ni las langostas, ni los sunamis, ni los terremotos, ni la lava volcánica, ni las hormigas marabunta tenían más poder para arrasar que ellos.
      Atrapados en su locura, sintiéndose asintomáticos se sentían, hacían un énfasis tan marcado respecto a las patologías psíquicas de las nuevas generaciones, como siempre elucubrando sus ideaciones delirantes, como chismes sórdido difamatorios. Sin darse cuenta, en medio de su podredumbre, que ellos se habían vuelto comentaristas de la diatriba, exegetas del mal, en algunos enfatizado hasta la traición y decepción de quienes creyeron ser su pueblo.

     Ellos se han quedado fijados en su obsesión de poder y riqueza, que los condiciona a actuar con el instinto de su especie, que aprovecha la nocturnidad, y que no les deja actuar libremente ni en momentos sumamente difíciles. Con su tozudez, en la superficie que depredan se acelera la línea de contaminación, y después casi no hay cuerpo que resista y lo supere porque no todos somos Xbalanqué o su gemelo Hunahpú.
     Sus miradas de odio y ambición disparan dardos y rayos de inmundicia y contagio. Atacan las defensas escasas de aquellos millones de personas menesterosas que solo les sirven para succionarles la sangre y la vida.

     Actúan alevosamente y con extrema ventaja llamando a todas sus hordas salvajes a velar por sus intereses, pues la vida y la paz de la gente no les interesa nada, su peso en oro se mide por la rentabilidad que les deja una marejada de muertos.
     Se requiere nuevos rostros -oyeron decir, y se maquillaron para verse nuevos-, nuevas personas en las que se pueda confiar para que lleven bien las riendas de la comarca y sus aldeas escucharon-, y se aproximaron a sus víctimas con estrategia sibilina.

     --La vida de ellos no es importante, lo que interesa es la buena vida que nosotros llevamos –dijo el poder oscuro-. ¡Quiero una buena cuota de cadáveres, que mueran todos los que sea posible, apilen sus restos sin ceremonia, pues la carroña nos alimenta! Esta acumulación de occisos muertos con armas invisibles nos favorece. Lo importante para ellos no cuenta, lo valioso es lo que nos beneficie a nosotros, somos seres especiales, tan elevados somos que ellos ni haciendo torres de gimnasia pueden alcanzarnos.
     El clan del mal es tan intolerante y hasta en los demás ve las abyecciones que ellos mismos cometen en niveles desquiciados. Son tan representativos de la sordidez más absurda que nadie los quiere ni los respalda, pero ellos no necesitan de eso pues ajustan la realidad a su medida. Siempre actúan como opositores, detractores y apuestan porque la sociedad de la superficie falle. Tienen que morir más de 400 muchachos, sin ninguna buena voluntad, habituados al terror y la muerte a su alrededor, eso era extremadamente bueno. Óptimos para matar, aunque solo su familia los viera buenos.  No tienen mística, pero practican el ocultismo más aberrante.

     La mejor garantía para la vida es luchar contra la encarnación del mal, quienes en la oscuridad en que viven no ven más allá de si mismos, a su alrededor solo perciben lo contante y sonante, envilecerse es su constante y su nombre siempre será malsonante.
     Inolvidables engendros del mal y por el mal, que delinquen desde que el Arcángel Gabriel tuvo que expulsarlos. Mas cabe reflexionar. ¿Sirvió de algo la expulsión de Caín del paraíso? ¿Se libró la humanidad del mundo terrenal de que los apegados a lo material y al beneplácito de sus superiores que sea capaz de matar incluso a su familia?

     Se puede y se debe romper por primera vez con aquello que nos daña, ritardando: ralentizando, decelerando o acelerando: hay quienes lo harán poquito a poquito, andante, poco a poco, moderato, o galopante, bruscamente. Pero un paso llevará al otro.
     Tanto tener miles y millones a la vista los lleva a devorar con insano placer, ocultos del sol, sin día de guardar que valga. ¡Ah! ¡Qué bella les resulta la vida insana!

     Las peores pesadillas no son tan terribles como la realidad de sus torturadas mentes porque de-mentes así no es posible reponerse pronto y las huellas de su paso maligno quedan marcadas por los estragos que causan.
     No pronuncies palabras que sean verdad o sabiduría, odian todo aquello que haga reflexionar contra el mal y combatirlo, pues su submundo es de mentira y de aguas negras, se subvierte la ética, se tapa herméticamente sus tropelías y son tan hipócritas que rayan en el cinismo más exacerbado. Después se santifican en ceremonias y monumentos que cual construcciones propias de la etapa histórica del esclavismo costaron el sacrificio y la vida de generaciones. 

     Quieren acabar con toda autoridad política, civil, policial y militar, médica, administradores, académicos, científicos y técnicos humanizados, ingenieros, profesores, psicólogos, comunicólogos, escritores, poetas, actores, cantautores, y demás artistas y trabajadores del arte y la cultura, con toda persona que se interese y trabaje con empeño en el bienestar de esa población que en su mayoría hoy, como ocurrió con muchas generaciones pasadas, pone los muertos que contabilizan los soberbios señores Camé.

Santa Ana, El Salvador, 24 de julio de 2020.

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Jorge Ismael García Corleto es escritor, presidente de la Asociación GATO para las Artes y la Cultura, licenciado en Psicología, licenciado en Educación, máster en Educación Superior y estudiante de doctorado en educación. Trabaja en la docencia en el Centro Escolar INSA y en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador, en Santa Ana.

martes, 21 de julio de 2020

LA EMERGENCIA DE LA CORRUPCIÓN






Jorge Ismael García Corleto


     La corrupción es un acuerdo inmoral de mutuo beneficio particular, ilegal, entre corruptor y corrupto, es el uso y abuso del poder público para el logro de beneficios particulares, sectoriales o empresariales, que afectan el bien común o del pueblo.  Las prácticas de corrupción política atentan contra el bien común y la sociedad civil sufre con presidentes, magistrados, ministros, diputados, jueces, fiscales, directores, presidentes de instituciones autónomas, alcaldes, secretarios, dirigentes políticos, administradores, oficiales, directivos gremiales y otros que se benefician con el poder.


     La corrupción política preserva intereses sectarios y particulares que generan desconfianza en los espacios democráticos pues afecta las condiciones para vivir en democracia, como es el caso de la justicia, cuya aplicación sesgada y desigual permite que los sectores que gozan de privilegios efectúen atropellos que llevan a confrontaciones al interior de las naciones y entre ellas. Bajo el pretexto de que se debe contener el avance de ideas anárquicas o de nuevas dictaduras, la corrupción se infiltra en la administración pública. La cultura antidemocrática que se mantuvo durante varias décadas impuso a los gobernantes mediante golpes de estado o a través del fraude electoral. Aun cuando los usurpadores o los fraudulentos ingresaran a los espacios de saqueo con un buen caudal económico, cuando salían del ejercicio activo del poder político, sus condiciones de vida habían mejorado en extremo mediante el enriquecimiento ilícito. Estas prácticas estaban y están generalizadas, por lo que gobernantes de algunos países latinoamericanos han enfrentado la justicia y dejado el poder ante evidentes signos de corrupción contra el erario.


     Los políticos sufren las consecuencias de su propia corrupción, observable en la falta de confianza de la gente hacia los partidos, pues la sociedad civil percibe que los políticos y sus allegados se han beneficiado indebidamente y que actúan con total impunidad. La legislación imperante en algunos países latinoamericanos, determina que los partidos son los únicos instrumentos para acceder al poder político, pero si tales instrumentos están viciados, no contribuyen a fortalecer la democracia. En el caso de El Salvador, la experiencia reciente de diputados independientes ha llevado a señalamientos de que se someten a los planes de alguna fuerza política poderosa que favorecen su actuar egoísta.


     La percepción negativa crece con el ofrecimiento de plataformas políticas para dar soluciones a problemas del país que suelen quedar en el olvido, pero si llegan a ejecutarlas lo hacen de manera deficitaria, porque las estructuran desde el escritorio, sin llegar a la base de la injusticia social.  El combate de la corrupción política debe ser realista y con sentido ético y ninguna fuerza política ni social debe abstraerse de ello. El fortalecimiento de la sociedad civil lleva a robustecer el sistema democrático. Los gobiernos deben operar con transparencia, rindiendo cuentas de sus actos y facilitar la información sin restricciones; de los gobiernos se requiere tolerancia mientras de la sociedad civil se exige participación y una actitud constructiva y propositiva. Los partidos políticos deben reconocer el nuevo talento humano y renovar el liderazgo para democratizarse.


     Los gobiernos, elegidos para representar al pueblo y velar por el desarrollo de las naciones, están obligados a cumplir la normatividad ética, para que la conducta de sus funcionarios sea efectiva, transparente y legitimada por la opinión pública. Por tanto, urge actuar de manera práctica para frenar y erradicar este problema. No se trata de hacer señalamientos infundados para dirigir la atención a otros y actuar corruptamente con impunidad. Tampoco es justo ver la corrupción en otros y no ver la propia o la de los propios. Se debe castigar, ejemplarmente, a los funcionarios involucrados en actos de corrupción política, frenando las condiciones para que proliferen otros tipos de corrupción, situación que inhibe el desarrollo de los pueblos que toleran actos corruptos que minan los valores éticos y morales de las sociedades.


     La corrupción política es visible, real, envolvente y progresiva; actúa desde las cúpulas, inhibe el desarrollo social, debilita la institucionalidad, hace que se desconfíe de la dirigencia, erosiona la formación de valores ciudadanos y lleva a la expansión y consolidación de otras formas de corrupción administrativa y económica y se desprotege al pueblo, por lo que se debe actuar éticamente para la sobrevivencia de la democracia. La educación es la vía para revitalizar los valores morales, cívicos y espirituales de la persona y avanzar hacia un mundo más humano y más justo, en donde se imponga la cultura de la transparencia y la honestidad.


     Quienes encarnan la antítesis de la humanidad y de la sabiduría, engolados en su falsa prestancia, como los diputados, los magistrados, los fiscales, los defensores de los derechos humanos, los jerarcas de las iglesias, los comunicadores, los “analistas políticos” prepago, los académicos que antes tuvieron mártires comprometidos con las necesidades de los pobres y que ahora sirven a los intereses neoliberales, al mercado, a los grandes empresarios, a ídolos sacados del averno y al dios capital, solo ven una emergencia económica en El Salvador y no una emergencia sanitaria.


     El Salvador puede seguir enfrentando amenazas, minimizando las afectaciones, si el poder ejecutivo cuenta con los medios materiales y los apoyos humanos necesarios. Pero esa posibilidad es violentada y los derechos de la población se ven vulnerados cuando los tomadores de ese tipo de decisiones, aquellos que actúan de manera voluntariamente ignorante, caprichosa e interesada en su bienestar sectorial o particular, niegan que aquí ocurra la emergencia sanitaria declarada en todo el planeta.


     En consecuencia, cabe esperar que quienes están señalados por captar cuantiosas prebendas y rechazan tomar una decisión favorable a la vida y la salud de los salvadoreños, por proteger intereses de poderosas mafias económicas, comprendan que son y serán responsabilizados por la mortandad de la pandemia incontenible, por cuanto el poder ejecutivo ha sido privado de las herramientas legales y económicas para el manejo de integral de la situación.


 


Santa Ana, El Salvador, 30 de junio de 2020.


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Jorge Ismael García Corleto es escritor, presidente de la Asociación GATO para las Artes y la Cultura, licenciado en Psicología, licenciado en Educación, máster en Educación Superior y estudiante de doctorado en educación. Trabaja en la docencia en el Centro Escolar INSA y en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador, en Santa Ana.

miércoles, 13 de mayo de 2020

La cuarentena devela rezagos en tecnologías educativas


Ismael García C.

La humanidad enfrenta una pandemia global ante el virus (Covid 19) que cobra cientos de millares de vidas. El cierre de fronteras y aeropuertos, y otras restricciones durante la cuarentena, y la repentina masificación de las clases virtuales modifican nuestra labor académica, experiencia inevitable y urgente, tal situación implica la construcción y/o desarrollo de otra modalidad educativa y requiere mayores equipamientos y servicios de conectividad. La medida de suspensión de la actividad ha afectado incluso la actividad laboral, económica, artística, cultural y recreativa, y desata un nuevo debate en torno a alternativas educativas que apuntan a mantener la continuidad del proceso de enseñanza-aprendizaje a través de medios virtuales. Aunque el uso de los entornos virtuales en la educación superior es una realidad hace muchos años por el acceso a internet y las redes vinculadas a la web y sus aplicaciones (apps), la crisis nos obliga a solventar los rezagos de décadas en todos los órdenes.
     Este desafío ha sido comparado con el de la invención de la imprenta de Gutenberg (siglo XIV), las ediciones industriales de libros del siglo XX o la irrupción de la multimedia (los entornos virtuales en la educación) en estos tiempos de globalización. Quienes trabajamos en la docencia sabemos que las clases tienden a ajustarse a la pedagogía del siglo XIX (verticales, autoritarias, cerradas, discursivas), con docentes del siglo XX y estudiantes del siglo XXI, que manipulan sus celulares u ordenadores, conectados a plataformas virtuales. La era digital y los procesos virtuales irrumpen y se debe convivir con esa realidad preparándonos. Actualmente, más docentes empiezan a familiarizarse de forma paulatina con los entornos de enseñanza-aprendizaje, los esfuerzos de los facilitadores o de los gerentes de gestión online son un desafío y los estudiantes son los que menos traumas enfrentan en esta tendencia. La educación superior ingresa a la era de una nueva matriz teórica que se conoce como paradigma de los entornos virtuales.
     Surge la preocupación por la interacción docente-estudiante, el intercambio de mensajes por email, Messenger, Whatsapp, Facebook, twitter, Instagram, formas de comunicación que se han vuelto cotidianas, y plataformas para el uso de los entornos virtuales. Ahora se ingresa a los escenarios tecnológicos especializados de trabajo remoto y en tiempo real en el campo académico, como una necesidad y desafío para continuar el proceso pedagógico. La comunidad académica tiene acceso institucional a Moddle, Classroom-google y otras plataformas para gestionar la formación en línea con los estudiantes; son sistemas de manejo sencillo y amigable donde los participantes conversan, analizan, comparten ideas, reflexionan y avanzan en el desarrollo curricular.
     La UNESCO ha emitido un comunicado ofreciendo a la comunidad educativa internacional un listado de herramientas tecnológicas y plataformas a distancia que pudieran contribuir a que el impacto en el mundo educativo y en la evolución escolar del alumnado, fundamentalmente en las etapas obligatorias, sea lo menos negativo posible, lo cual conlleva una necesaria comprensión más amplia de los procesos de enseñanza.
     Las Nuevas Tecnologías aportan al aprendizaje dialógico, interactivo, colaborativo y social. Sin embargo, esta nueva realidad no es tan idílica como lo expresan muchos representantes políticos y de administraciones educativas. Las alternativas y soluciones propuestas para educar a distancia, fundamentalmente en la educación pública, exponen las desigualdades sociales, y abren aún más el profundo abismo de acceso al sistema educativo.
     Se observa en las redes que muchos docentes ahora comparten experiencias de uso de los software educativos de manera más social y la existencia de plataformas de trabajo colaborativo que fomentan la creación de redes participativas que favorecen un modelo de aprendizaje horizontal en el que el estudiantado puede contribuir a la comunidad, hacia estrategias de enseñanza multidireccional.
     Además de ese tipo de aportes, se debe aprovechar para incorporar nuevos medios de aprendizaje colaborativo y cooperativo a las distintas situaciones de aprendizaje que planteamos al alumnado. La creación colectiva de conocimiento a través de las Nuevas Tecnologías se vuelve un desafío que debe contribuir a reducir las desigualdades.
     Sin embargo, el cambio de estrategias metodológicas para mantener las clases en un escenario adverso, debe contar con una mayor inversión de las instituciones responsables en programas y proyectos que procuren la reducción de la brechas digitales y, por otro lado, con una mayor formación de los profesionales de la enseñanza en estrategias de aprendizaje colaborativo y cooperativo, las posibilidades didácticas inclusivas de la Web 2.0 y el fomento de la competencia digital docente. Esto implica trabajar con sistemas distribuidos, es decir, aquellos que cuentan con software y hardware, conectados por una red y que son vistos como uno solo (persigue el mismo objetivo), además que es colaborativo. Como ejemplo, las plataformas Teams, Moodle y Zoom interconectan a diferentes usuarios en un solo punto.
     Con todo habrá profesores con mayor dificultad para actualizarse, padres de familia que no saben cómo apoyar al estudiante o no tienen los medios para hacerlo, y un tipo de estudiante que toma la no conectividad como factor de no presentación de sus trabajos, aun si tiene como conectarse. Para otros la realidad es más dura aunque su actitud sea favorable. No hay que olvidarse de quienes controlan o administran el acceso a los recursos económicos y tecnológicos deben hacer toda la gestión posible para que pueda haber mayor equipamiento y conectividad. Se requiere que todos los sectores intervengan haciendo un buen trabajo colaborativo para llegar al éxito educativo.
     Por otra parte, el estrés es inevitable, pero si no nos bloquea y ayuda a la tarea es positivo. Ante eso se debe mantener hábitos de autocuidado y practicar una rutina de trabajo que no sea extenuante, de colaboración en tareas y una actitud resiliente.
Santa Ana, El Salvador, 13 de mayo de 2020.
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Jorge Ismael García Corleto es escritor, presidente de la Asociación GATO para las Artes y la Cultura, licenciado en Psicología, licenciado en Educación, master en Educación Superior y estudiante de doctorado en educación; trabaja en la docencia en el Centro Escolar INSA y en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador, en Santa Ana.

jueves, 23 de abril de 2020

DOLOR, ESPERANZA Y LUCHA EN CUARESMA


Ismael García C.
     En la adolescencia me preguntaba si algún día me tocaría ir a la cárcel por mis ideas, como le pasó a grandes escritores, a artistas y luchadores sociales comprometidos con una causa, y a grandes líderes de la humanidad. Y uno recuerda a Mandela, a Pepe Mujica, a Gramsci. Y a cuántos mataron con la mayor violencia reclamando la paz, allí estaba el gran ejemplo de Gandhi, de Martin Luther King, de Roque Dalton, de Rutilio Grande y de nuestro San Romero de América.   Y no era para menos. Aunque yo nunca fui buen poeta o escritor, ni lo soy, ni lo seré, había razones de supervivencia para temerlo, porque si hasta los más grandes perecen por sus ideas, sus palabras y sus acciones, cómo no iba a sufrir un pobre gato como yo.
     Me preocupaba por si nos tocaría vivir una guerra como a muchos pueblos les tocó vivirla y sufrirla desde los más remotos tiempos de la historia, como una forma de vida expansionista y saqueadora, dirigida por los invasores, los detentadores de siempre y de toda ralea. Y la guerra la vivimos apenas unos pocos años después, con más de 75 mil muertos, que sumados a los 30 mil de la cuenta que provocó un famoso dictador de 1932, rebasan los cien mil seres humanos que terminan enfrentados o masacrados por los interés económicos de un pequeño, pero poderoso sector de la sociedad, que ejerce la discriminación más cruel contra aquellos a quienes les esquilan lo único que tienen para sostener la vida dentro de su piel.
     Los malos son tantos y se reproducen como el virus más mortífero, epidemia que llega hasta pandemia, en la que el vector es el hombre mismo, se aferran a sus posiciones, a sus falsas apreciaciones positivas de sí mismos, a sus apropiaciones ilícitas, con el descaro más inmenso, con la actitud más cínica y sinvergüenza  exudándola, ¡qué piel más resistente, cómo puede encapsular tanta inmundicia, tanta depravación, tanto veneno! 
     Vivimos una cuaresma de radio, televisión y virtualización, y sin prácticas hedonistas veraniegas. Y buscando aprovechar el tiempo en leer, reflexionar y mejorar como personas, ahora estamos enfrentando las peores ambiciones de poder, como en mi Los tres poderes, de unos pocos individuos al inicio de la trama, que casi nunca se dejan ver, fraguando el descontrol de la vida, en medio de la entrega de una cuota de miles de personas a la muerte, inmoladas como en el sacrificio más morboso, para asegurar ante los demonios del averno su obra de saqueo y control político irracional. Y mientras esto ocurre la pandemia innombrable nos acecha, se cuela por las fronteras, por los puntos ciegos, deambula por las calles a pie o sobre ruedas y nos atrapa en nuestras casas alquiladas o financiadas como esperando las plagas en Egipto o en nuestro Apocalipsis.
     Mientras las cifras de defunciones estaban disparadas a nivel mundial y esperábamos lo peor en este pequeño terruño, depauperado por aquellos de siempre, pero tan querido espacio originario para los que aspiramos a tiempos mejores, aun ante tanto dolor.
     Y ese sufrimiento se volvió más intenso para los que sufrieron una forma tan cruel de morir, probablemente aislados de los suyos y sin que los sobrevivientes pudieran seguir los ritos funerarios que permiten hacer un proceso de duelo culturalmente aceptado, que ayude a  una transición tan triste, compañeros de labores cercanos se sumaron por otros graves problemas de salud a las cifras de defunciones, sin poder hacer ni honras funerarias.
También grandes figuras mundiales de las artes y la literatura nos dejaban sin su grandioso talento en este mundo, ni podíamos hacer homenajes memorables ante un público que compartiera nuestra tristeza y dolor.
     A un mes de estar enclaustrados muchos lo encuentran insoportable, se ha tenido que estudiar y trabajar desde las casas con metodologías y recursos que aún no están a nuestro alcance, hacer tareas rutinarias más que nunca. Otros siendo seres sociales, extrañan sus ámbitos de expansión y a sus redes sociales reales, aunque si tienen conectividad probablemente no les faltarán las virtuales. Lo que todos comparten es que extrañan su vida normal de estudios y de trabajo. Con la zozobra de los presupuestos afectados, pese a las ayudas, por los requerimientos de estar apartados del mundo sin ser ermitaños y sin haber hecho votos de vivir distanciados de la vida mundana.
     Ni siquiera se trata de un distanciamiento estético, pero en lo que a mí se refiere a la estética no renuncio o dejaría de ser el aprendiz de artista de toda la vida; tampoco renuncio a la sensibilidad hacia el hogar, hacia la familia que nos precedió hacia la eternidad, a nuestra familia extensa y a nuestra familia nuclear cuyo nido se ha quedado vacío, pero que se renueva en los seres humanos más queridos.
     Se trata de un distanciamiento social en el sentido de no estar tan cerca unos de otros, sin darse la mano, un abrazo, un beso. Se trata de mantenerse “sanos” y vivos a costa de un alejamiento físico, vivir medio muertos para vivir, como automovilistas midiendo la distancia. Y aun viviendo muertos de hambre. Pero lavándonos constantemente, o frotándonos alcohol gel. Sobrevivir tiene sus sacrificios y sus costes.
     Y más sacrificados están aún quienes exponen su vida no solo por el azar de toparse con portadores del virus, sino porque están en las fronteras, metidos entre la comunidad para establecer control, para salvaguardarla o asistirla, aun cuando parte de ella no lo agradezca. Se ha tenido que improvisar albergues, reconstruir la red hospitalaria después de décadas de abandonos y realizar además el esfuerzo titánico de construir más centros de atención hospitalaria, equiparse para aliviar el dolor y dar aliento de vida exponiendo la vida. Mas se critica el esfuerzo, algunos esconden los recursos y otros sufren el más crudo escarnio y repetidas afrentas.
     Nos interesamos en desarrollar tanto lo comunitario para compartir armónicamente, en nuestra franja de istmo, y hoy esta tendencia gregaria nos puede matar. Y esperamos vivir aunque estemos atribulados porque la vida nos cambió, la capacidad de enfrentar una pandemia de este tipo sobrepasó economías y naciones poderosas, las hizo colapsar y los puso de rodillas.
     Pero nosotros estamos aquí en pie, luchando por la vida, pero con dignidad, esperanza y confianza en que pese a todas las erinias y las alimañas ponzoñosas, rastreras y traicioneras, que cual antagonistas de una película de horror le ponen freno a los esfuerzos de la población mayoritaria, y de su legítimo gobierno, para que la vida de nuestra gente se preserve. Hay tanto dolor y algunos todavía lo ven desde la cúspide del poder o de sus torres de marfil, preocupados por sus cuantiosas inversiones o por los huesos que caen de la mesa de los amos, sin preocuparse por la vida humana.
Seguimos viendo, oyendo y hablando ante tanta ignominia en contra de la humanidad, pues no nos podemos quedar callados, y sin embargo, tenemos la fe de que nos salvaremos y que la marejada vendrá embravecida, retumbando, que barrera de la tierra la iniquidad y nos librará de pecados que no tienen nada de originales, que son repetitivos, como repetitivo puede ser lo expresado en este escrito que se hace al palpitar de un corazón apasionado por cambiar el mundo.
Santa Ana, El Salvador, 23 de abril de 2020.
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Jorge Ismael García Corleto es escritor, presidente de la Asociación GATO para las Artes y la Cultura, licenciado en Psicología, licenciado en Educación, master en Educación Superior; y estudiante de doctorado en educación, trabaja en la docencia en el Centro Escolar INSA y en la Facultad Multidisciplinaria de Occidente de la Universidad de El Salvador, en Santa Ana.